-¿Qué te parece si nos vamos? Ya amaneció y aún no habrás comido. Querrás saber más de mi. Ya habrá tiempo de eso. ¿Qué te parece ir a desayunar a un lugar alejado de aquí, tu y yo, a solas? Te advierto que no acepto un no por respuesta a estas alturas.
Ella sonrió pensando en lo tierno a la par que tonto le resultó ese comentario. Giró la cabeza y por fin le vio de nuevo.
-Tienes los ojos verdes.-Dijo ella mientras, tímidamente, le miraba.
Él no supo que decir. Realmente ese fue el momento en el que se dio cuenta que nunca antes había estado a solas con una chica y ella, precisamente, no era una chica cualquiera. Se limitó a tomarla de la mano, agachando la cabeza y sonrojándose.
-¿Dónde piensas ir?-Dijo ella.
-Es un secreto, solo déjate llevar.
Ambos fueron de la mano, sin decir nada, por el camino abajo, al otro lado de la colina, hacia la costa. El trayecto para ambos fue corto y con un rotundo silencio, pero intenso. Realmente eran dos desconocidos que huían de su pasado sin conocerse aun mucho el uno al otro. Llegando, él rompió el hielo del todo.
-¿Te das cuenta que, en el fondo, no me conoces de nada ni sabes quién soy, ni si te voy a dar una mejor vida que la que te han dado en tu casa hasta hoy?
-Por lo pronto ya me estás sacando más lejos de lo que nunca he estado, y me estás invitando a comer. Mi familia no me dejaba salir de casa y me obligaba a hacerles sus comidas a cambio de que yo pudiera comer.
-Pero sigues sin conocerme.
-Entonces cuéntame. ¿Cómo te llamas? ¿A qué te dedicas? ¿Cuáles son tus gustos? ¿Por qué has venido por mi a cas...
-Vale, vale, de una en una. Mi nombre no es importante. Me dedico a trabajar desde casa haciendo cosas. Me gusta casi todo, menos en las comidas, que no me gusta casi nada...
-Pues vaya, para ser un principio creo que ahora tengo más dudas que antes. ¿Cómo pretendes que te hable si ni se tu nombre?
-Límítate a llamarme Kami.
-Kami... no me convence, ya me dirás tu nombre real. Pero antes, dónde está ese lugar al que me ibas a llevar a comer?
-Ya hemos llegado, tranquila.
Habían llegado a un restaurante pequeño de marisco. Él no sabía si había sido una decisión acertada.
Avergonzado, la miró y le dijo:
-Se que no es gran cosa, pero el viaje será largo y ya habrá otros lugares donde elegir...
-¿Estás de broma? Me encanta, hace tanto tiempo que no lo pruebo. Por lo menos desde antes de que mis hermanos se volvieran tan crueles.
-Bueno, olvídalos, ahora disfruta del momento.
Entraron y pidieron, esperaron a que les sirvieran y una vez ya comiendo ella le preguntó.
-Y... cómo decías que te llamabas...
-Ya te dije que preferiría que me llamases Kami.
-Pero ese no es tu nombre real.
-Pero mi nombre real no me agrada.
-Pero yo quiero saberlo.
-Y yo no quiero decírtelo.
-¿Así pretendes que confíe en ti?
-Yo... solo... no quer...
-No pasa nada, pero no voy a llamarte Kami. Hasta que me digas tu nombre serás el lelo del valle, don "no acepto un no por respuesta".
-¿Lelo?
-Leeeeeeeelo.
Sonó un ruido muy fuerte y el camarero que los había atendido tocó una campana y gritó:
-Pasajeros del barco de las 12, está a punto de zarpar, pasen a pagar su comida y que tengan un buen viaje.
De repente él se levantó y fue a pagar, y al regresar, sonriendo, dijo:
-Entonces, niña de la colina, hasta ahora no te he preguntado pero... ¿Cómo te sienta viajar en barco?
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