domingo, 22 de marzo de 2015

Memorias de Kami 9 Un viaje.

-¿Estarás de broma no? -Dijo la chica.
-¿Bromear? No se de qué hablas... deprisa, levántate, no me hagas tener que llevarte en brazos.
   Kami la tomó de la mano y la ayudó a levantarse, salieron del restaurante corriendo en dirección al puerto. El revisor estaba descolocando la rampa cuando ellos llegaban, pero al verles les esperó.
-Llegáis tarde, la próxima vez el barco se marchará sin vosotros.
-Eso no volverá a ocurrir, muchas gracias.-Le contestó Kami, mientras tiraba de la chica y corrían hacia el interior del barco.

   Se trataba de un transatlántico que iba en dirección a Europa, en él iban miles de personas y se celebraban cientos de actividades durante el trayecto, pistas de patinaje, salas de baile, fiestas en toda la cubierta, varias piscinas...
-Esto parece muy caro. ¿Oye lelo, cómo sabías que justamente tendríamos tiempo para venir a tomar el barco? Lo tenías todo planeado, ¿no?, seguro...
-Tu corre, que te lo vas a pasar bien.
-Correr exactamente... ¿adónde?
-Por lo pronto...a alejarnos del personal que revisa los billetes.
-¿Y eso, por qué?
-Creo que esa pregunta no necesitará una respuesta...
-¡Kami! ¿No has pagado ésto? Qué hacemos aquí entonces, bajemos antes de que alguien se percate de ello...
-Aquí hay miles de personas y ya han soltado los cabos, ¿tu crees que se darán cuenta? Además, ¿no quieres sentir la emoción de esconderse evitando que nos pillen?
-Ya estoy huyendo de casa, no me apetec...
   Entonces el chico se metió en un pasillo, se dio media vuelta y la arrinconó contra la pared, impidiendo que la chica se moviera, haciendo que se callara y rodeándola con sus brazos.
-Shhh... -Le susurró mientras se acercaba a ella.
-Kami...-Suspiraba la chica, respirando con dificultad ya que estaba cansada de correr.

   Se acercó a la chica y, viendo que ella también se acercaba ligeramente, ambos cerraron los ojos y se sintieron más cerca que nunca el uno al otro...
   Era cálido... agradable a la par que húmedo. Ella le agarraba por el pecho, tirando de la chaqueta. El la había separado de la pared y la estaba abrazando, realmente no quería dejarla de soltar...
   De pronto unas voces les asustaron haciendo separarse. Eran dos revisores dándoles las buenas tardes y siguiendo de largo, sin fijarse más en ellos.
-Eso ha sido suerte, no creas que conseguiremos estar mucho más tiempo escondidos.-Decía la chica en voz baja a Kami.
-¿Sabes lo que si es una suerte?
-Tu dirás...
-Que con solo un beso he sido capaz de tranquilizarte... y hacer que te relajaras y en vez de decirme ahora: "Salgamos de aquí" ya has considerado que tendremos que seguir escondiéndonos...

   Ella se sonrojó y agachó la cabeza. Él con una mano le levanto la cara acariciándola, y la volvió a besar. Entonces, la tomó de la mano de nuevo y salió corriendo.
-¿Por qué corres?-Dijo la chica.
-Querrás ver cómo zarpa el barco y la ciudad desde lo alto... ¿No tienes curiosidad?
-La verdad que debe verse hasta muy lejos, es muy alto éste barco.
-Pues vamos, sígueme.

   Subieron hasta la cubierta del barco y se impresionaron de la cantidad de gente que había en él, había gente aún con las mochilas desplazándose hacia sus habitaciones, perdidos. Otros tantos con sus trajes de baño buscando la hamaca más cercana en la que tender su toalla y tomar el sol. Muchos disfrutando de la piscina, y de la música en los pequeños bares que había a lo largo.
-El tiempo es oro, busquemos un lugar más tranquilo desde el que mirar.-Dijo Kami mientras salía corriendo de nuevo.

   Llegaron a la parte más cercana a la punta del barco y se quedaron allí mirando. No había mucha gente en aquella zona. Una chica sacando fotos a la distancia, una familia con un chaval, subido a los hombros del padre y saludando hacia algún familiar que se hubiese quedado en la costa, una señora de una edad bastante avanzada con su perro, un grupo de amigos sentados jugando a las cartas...

   El barco zarpó y en la distancia se iba quedando aquél lugar que fue su hogar durante tantos años. Ya en medio del mar la chica tiró de la manga de la chaqueta de Kami.
-Mira Kami... es precioso...
-¿Qué cosa?
-Los delfines. ¿No los ves? Ojalá pudiéramos bajar a tocarlos... Se deben de sentir tan suaves...
-Me temo que lo tenemos difícil, tendremos que dejarlo para otro día...
Una voz tenue salió de detrás de ellos y dijo:
-Estás en lo cierto joven, son muy suaves y divertidos, hace muchos años que no toco yo tampoco a ninguno.

   Ambos se asustaron, pero al darse media vuelta se relajaron de inmediato, la que hablaba era la señora mayor con el perro.
-¿Usted ha estado con delfines alguna vez?-Preguntó Kami.
-Me dediqué a alimentarlos, junto a otros animales en otra época, cuando era más joven, ahora ya estoy jubilada y disfrutando de la vida que me queda.
-Que seguro, espero, sean muchos años.-Le respondió Kami.
-¿Éste es su perro? ¿No muerde no?-Dijo la chica.
-También quieres acariciarlo eh... tranquila, puedes hacerlo, le encanta que le rasquen la barriga, verás como se tumba enseguida en cuanto te acerques...

   Kami se quedó observando como ella acariciaba al perro mientras la mujer miraba el horizonte.
-Oiga, no quisiera incomodarla pero... ¿viaja sola?
-Hace muchos años que mi marido ya no está conmigo, así que sí, viajo explorando el mundo que nunca pude conocer.
-Le importaría que viajásemos con usted, en el barco, seguro que su habitación tendrá más de una cama.
-¿Os habéis subido al barco sin pagar el viaje?
-Es una larga historia...
-Así que estabais aquí eh.-Dijo un hombre. Era el mismo revisor que había levantado la rampa cuando entraron. Habia aparecido de la nada...
-Llevo un rato buscándoos, salisteis corriendo sin mostrarme vuestro billete.
-Disculpe señor, nosotr...
-Viajan conmigo, aquí puede ver nuestro billete.-Dijo la mujer mayor, interrumpiendo a Kami mientras sacaba del bolso el billete...
-Bueno, mis disculpas entonces, que tengan buena noche y buen viaje.
La chica miró a Kami con miedo, y le agarró fuerte del brazo, aliviada pero asustada...
-Podéis ir y descansar, yo tardaré horas en ir, quiero ir a la pista de baile esta noche, hoy es el primer día del viaje, habrá una fiesta de bienvenida por parte del personal y no quiero perdérmela... Tomad la llave, es la número 3-79.-Dijo la mujer, mientras volvía a meter el billete en el bolso y sacaba las llaves.
-No se cómo agradecérselo...
-No me hagáis arrepentirme, tampoco podéis huir muy lejos, estáis en un barco...-Respondió la mujer a Kami mientras reía y acariciaba al perro.

   Ambos fueron a la habitación y la abrieron. Era muy grande, parecía una casa la habitación sola. Tenía dos cuartos separados con camas cada uno al fondo. Nada más entrar estabas en una pequeña sala con un sillón y una televisión. Del otro lado una pequeña cocina y una barra con sillas donde sentarse para comer.
  Soltaron las cosas y las acomodaron. Una vez ya habían apartado todo la chica le dijo a Kami.
-Oye lelo...
-Dime linda...
-Sabes... la mujer ha dicho que iba a tardar horas en venir... así que estamos tu y yo a solas aquí, durante un par de horas como mínimo, sin que nadie nos moleste...
-¿Ah si? ¿Y qué se te ha ocurrido hacer?..
La chica le desabrochó la chaqueta lentamente mientras se acercaba a él. Kami se acercó para besarla pero ella se hizo hacia atrás. Kami la miró con cara confusa y triste. Entonces, ella le agarró de ambas manos y caminó de espaldas hacia el cuarto mientras le susurraba:
-Shhh... ahora me toca a mi hacer que te relajes...

domingo, 1 de marzo de 2015

Memorias de Kami 8 El chico del valle.

Se quedaron ambos como estatuas. Era la primera vez que se sentían el uno al otro. El pensaba que era tal y como se lo había imaginado. Ella no estaba acostumbrada a que nadie se acercase tanto. Aun así estaba a gusto.

-¿Qué te parece si nos vamos? Ya amaneció y aún no habrás comido. Querrás saber más de mi. Ya habrá tiempo de eso. ¿Qué te parece ir a desayunar a un lugar alejado de aquí, tu y yo, a solas? Te advierto que no acepto un no por respuesta a estas alturas.

Ella sonrió pensando en lo tierno a la par que tonto le resultó ese comentario. Giró la cabeza y por fin le vio de nuevo.
-Tienes los ojos verdes.-Dijo ella mientras, tímidamente, le miraba.

Él no supo que decir. Realmente ese fue el momento en el que se dio cuenta que nunca antes había estado a solas con una chica y ella, precisamente, no era una chica cualquiera. Se limitó a tomarla de la mano, agachando la cabeza y sonrojándose.
-¿Dónde piensas ir?-Dijo ella.
-Es un secreto, solo déjate llevar.

Ambos fueron de la mano, sin decir nada, por el camino abajo, al otro lado de la colina, hacia la costa. El trayecto para ambos fue corto y con un rotundo silencio, pero intenso. Realmente eran dos desconocidos que huían de su pasado sin conocerse aun mucho el uno al otro. Llegando, él rompió el hielo del todo.
-¿Te das cuenta que, en el fondo, no me conoces de nada ni sabes quién soy, ni si te voy a dar una mejor vida que la que te han dado en tu casa hasta hoy?
-Por lo pronto ya me estás sacando más lejos de lo que nunca he estado, y me estás invitando a comer. Mi familia no me dejaba salir de casa y me obligaba a hacerles sus comidas a cambio de que yo pudiera comer.
-Pero sigues sin conocerme.
-Entonces cuéntame.  ¿Cómo te llamas? ¿A qué te dedicas? ¿Cuáles son tus gustos? ¿Por qué has venido por mi a cas...
-Vale, vale, de una en una. Mi nombre no es importante. Me dedico a trabajar desde casa haciendo cosas. Me gusta casi todo, menos en las comidas, que no me gusta casi nada...
-Pues vaya, para ser un principio creo que ahora tengo más dudas que antes. ¿Cómo pretendes que te hable si ni se tu nombre?
-Límítate a llamarme Kami.
-Kami... no me convence, ya me dirás tu nombre real. Pero antes, dónde está ese lugar al que me ibas a llevar a comer?
-Ya hemos llegado, tranquila.

Habían llegado a un restaurante pequeño de marisco. Él no sabía si había sido una decisión acertada.
Avergonzado, la miró y le dijo:
-Se que no es gran cosa, pero el viaje será largo y ya habrá otros lugares donde elegir...
-¿Estás de broma? Me encanta, hace tanto tiempo que no lo pruebo. Por lo menos desde antes de que mis hermanos se volvieran tan crueles.
-Bueno, olvídalos, ahora disfruta del momento.

Entraron y pidieron, esperaron a que les sirvieran y una vez ya comiendo ella le preguntó.
-Y... cómo decías que te llamabas...
-Ya te dije que preferiría que me llamases Kami.
-Pero ese no es tu nombre real.
-Pero mi nombre real no me agrada.
-Pero yo quiero saberlo.
-Y yo no quiero decírtelo.
-¿Así pretendes que confíe en ti?
-Yo... solo... no quer...
-No pasa nada, pero no voy a llamarte Kami. Hasta que me digas tu nombre serás el lelo del valle, don "no acepto un no por respuesta".
-¿Lelo?
-Leeeeeeeelo.

Sonó un ruido muy fuerte y el camarero que los había atendido tocó una campana y gritó:
-Pasajeros del barco de las 12, está a punto de zarpar, pasen a pagar su comida y que tengan un buen viaje.

De repente él se levantó y fue a pagar, y al regresar, sonriendo, dijo:
-Entonces, niña de la colina, hasta ahora no te he preguntado pero... ¿Cómo te sienta viajar en barco?